Lloro sin querer o de un dolor inexplicable que siempre llega sin avisar pero haciendo daño; hiriendo fuerte y dejando huella. Las cicatrices siguen intactas, en el punto de mira; son de "se mira, pero no se toca", no está bien meter el dedo en la llaga porque profundizar duele y lo sé ahora mejor que nunca. Que sigo buscando esa paz, esa calma ideal para dejarme llevar, porque esta guerra interna está dejando demasiadas muertes ya. Tengo miedo, de quedarme quieta mientras todos caminan, de quedarme sin oxígeno viendo como todos respiran.
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