domingo, 23 de febrero de 2014

Me gusta sentarme en mi escritorio entre lápices y láminas de dibujo por las mañanas. Llegar a casa y darme un baño de agua muy caliente cuando estoy cansada. No me gusta demasiado ir a clase, odio estar pegada a un estúpido pupitre; pero aún así lo hago.
Me gustan las flores y tengo cierta debilidad por los tulipanes.
Escuchar la lluvia cuando estoy a punto de quedarme dormida.
Hacer las cosas a mi manera; no soporto que alguien me diga lo qué debo hacer.
Me gusta el olor de los libros recién comprados y el tacto de la ropa nueva. Por alguna extraña razón, me pongo nerviosa cuando el camarero pregunta qué que voy a tomar.
Adoro las llamadas largas antes de acostarme.
Abrir el buzón y ver que hay alguna carta para mí.
Me gusta la sonrisa de Adele y me gustan los ojos de Emma.
Y abrir de par en par las ventanas cuando empiezan los días soleados.
Mirar viejas cicatrices y pensar, "nunca más".
No me gustan los bebés, y sobreactúo cuando digo que me parecen adorables.
Regresar a sitios en los que he estado hace tiempo, y ver que todo sigue igual; todo menos yo. Me pierden los susurros, las miradas cómplices, los besos azules (cálidos) y también los atrevidos e inesperados.
Me encanta el mar, pero no los días de verano dónde las playas están llenas de gente; yo prefiero pasear por la orilla los días de niebla.
Pero por encima de todas esas cosas, me gusta oír que soy rara, o especial; raramente especial.
O yo que sé.

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