miércoles, 11 de septiembre de 2013

Respira, espera.

Hasta las palabras de despedida paseaban tristes por Gran Vía, y aquel 'hasta pronto' se hacía más intenso a medida que te alejabas, amor. Recuerdo que miré atrás para verte entre las estúpidas estatuas andantes, pero lo único que ví fué mi cara de tonta viendo como tú te marchabas. ¿Qué más daba una despedida más? No tengo valor para pronunciar la palabra. ¿Y de qué sirve subirme al sitio más alto de aquí y gritar que te quiero, si estás demasiado lejos para oírme?Ojalá pudiese salir de estas cuatros paredes, salir o reventarlas, pero dime, amor, dime, ¿de qué sirve?