martes, 2 de abril de 2013

-¿Puedo hacerte una pregunta? -Claro. -¿Qué se siente al poder tenerlo todo? -¿Cómo sabes que lo tengo todo?Quizá me gustara tenerte a ti para siempre y, sin embargo, es algo que no tiene precio. -¿Es una pregunta? -No.Porque ya conozco la respuesta. -¿Qué pasó? -¿Qué quieres decir? -Normalmente me imagino a la gente como tú en su cuarto de matrimonio, que también se está acabando, con otra mujer, mucho más joven que las anteriores, lista para ocupar el lugar de la última, y así sucesivamente.Tienen ochenta años y lo ves en los periódicos a punto de casarse con veinteañeras.En cambio en ti hay algo que desentona, no pareces uno de ésos. -¿He echado por tierra tus teorías? -Has despertado mi curiosidad. -¿Te cuento un cuento? -No, simplemente dime la verdad. -Digamos que he llegado a una conclusión: puede que esté mejor solo. -No lo creo.Esta vez te estás mintiendo incluso a ti mismo.Imagínate lo bonito que sería compartir todo lo que tienes con una mujer.Divertirte con ella, quizá tener hijos y divertirte también con ellos.Hacer las cosas más sencillas. Se quedaron un rato en silencio.Entonces él le hizo la pregunta más difícil: -¿Y tú eres feliz? -Por ahora no me lo planteo.

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